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sábado, 4 de enero de 2014

Cinco falacias dichas sobre el aborto en España

Falso. Nadie defiende la muerte y no hay nada más reaccionario que presentar el aborto como un asesinato. Un feto no es un niño. No lo es, por mucho que insista la Iglesia o Ana Botella, que llegó a decir que había visto, no se sabe en qué película, "niños de siete meses en las trituradoras". Es evidente que no es igual un embrión de unas horas que un feto de ocho meses. Por eso, para solucionar este conflicto entre los derechos del no nacido y los de la madre, toda la Europa civilizada apuesta por una ley de plazos, que permita abortar libremente durante las primeras semanas. ¿Toda? No. Aquí vivimos en la aldea gala, nuevamente la reserva espiritual de Occidente.
Falso. Es un retroceso de más de treinta años y una apuesta por la sumisión de la mujer, cuya libertad queda sometida a la moral de Rouco Varela y a la decisión del padre, el médico, el juez o el señor ministro. Hablan de libertad cuando quieren decir represión sexual; quieren controlar a la mujer, esa fuente de pecados. Basta con ver cuál ha sido la reacción en Europa ante este "avance histórico" hacia la caverna. La derecha civilizada, como el diario británico The Times, critica la ley, mientras que solo la ultraderecha de Le Pen aplaude.
Falso. Si el PP quisiera llevar este razonamiento hasta sus últimas consecuencias, no habría mantenido el supuesto de violación. Si no lo hace así –y sólo considera "de segunda" el feto de una violada–, es sólo porque sabe que hasta los más cavernarios de entre sus votantes ven abusivo obligar a una mujer a dar a luz al hijo de su violador.
Falso. Y es un insulto para todas las mujeres que han tenido que pasar por ese trauma y a quienes la responsable de Igualdad del Partido Popular presenta como unas irresponsables a las que casi cabe negar la intervención si llevan la falda demasiado corta. Nadie aborta por placer, por sadismo o por capricho.
Francisco Álvarez Cascos (septiembre de 2011): "No es posible hablar de igualdad cuando una mujer embarazada se ve limitada en su derecho a ser madre por cualquier tipo de circunstancia económica, social o cultural ajena a su propia voluntad".
Falso. Es justo al contrario. Lo que limita la nueva ley es el derecho de una mujer sin recursos a decidir sobre su maternidad. Las  que puedan pagarlo podrán viajar a Londres, igual que hicieron antes. Sólo sufrirán la reforma quienes no tengan recursos para escapar de la hipócrita ley española. Francia prohíbe los prostíbulos y España veta el aborto, así que nuestra frontera con el mundo civilizado será un cruce de extranjeros que viajen hacia el lupanar español, y de mujeres que salgan hacia las clínicas del norte.
Por supuesto, las familias pobres lo tienen mucho más difícil que las ricas para cuidar un niño; la desigualdad es un problema, pero no solo durante los nueves meses que dura un embarazo. Pero esto se arregla con políticas sociales y guarderías, no con una ley del aborto machista, cruel, inútil y anticuada.


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